Detrás
de esos lentes, hay un personaje muy cuestionado y sospechado de tener vínculos
con el narcotráfico en la Argentina. El jefe de gabinete, Aníbal Fernández,
ahora candidato a la gobernación de la provincia de buenos aires, va por lo que
falta hacer y no se hizo durante la gestión de Daniel Scioli. Sobre eso se va a
diferenciar, y pondrá blanco sobre negro toda su gestión, a partir de la
premisa de erosionar la imagen del motonauta por su pésima administración,
siempre y cuando aquél alcance llegar a la primera magistratura del país.
¿Cómo
se puede concebir que un jefe de gabinete se postule como candidato a la
gobernación por la provincia de buenos aires, y este seriamente sospechado de
estar vinculado con la droga, y ningún juez o fiscal haya solicitado sea
apartado de su cargo para que se lo investigue de inmediato a partir de la
denuncia pública que se hizo por televisión? Solo se puede entender que esto
esté pasando, porque en el país tanto la justicia como el poder político, ambos
están involucrados en pactos y negociados, que los alejan de la ciudadanía,
para embarcarse en temerarias acciones conducentes a eludir el cumplimiento de las
funciones públicas que les competen, desobedeciendo así, el mandato
constitucional de bregar por el bienestar y el progreso de los argentinos. Da
asco con solo pensar que un personaje siniestro como Aníbal Fernández pueda
llegar a ocupar la primera magistratura de la provincia de Bs Aires, con todo
el desastre que ya existe en el territorio, producto de más de 20 años de
desidia por las pésimas administraciones peronistas.